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DE LOS LECTORES |
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Por Enrique Jara |
LA ASUNCIÓN DEL NUEVO GOBIERNOComentarios y reflexiones sobre Editoriales Recién salido de boxes, donde tengo que entrar de vez en cuando para una recarga de vida, he leído con algún atraso, pero con gran interés, los editoriales que dedicaron a la asunción del nuevo Gobierno. Desearía que me permitieran compartir públicamente con Uds. la alegría que expresan por el acontecimiento, si bien quiero ofrecer otros motivos y algunas reflexiones sobre lo ya escrito. Imagino que podríamos coincidir en festejar que una transición de poder de esta magnitud haya sido llevada por el pueblo uruguayo - y sus dirigentes – con la serenidad y el respeto a las reglas de juego propias de una democracia madura. Esta es, en mi opinión, la razón principal del regocijo que alimenta todas las esperanzas y es, creo, el mérito de quienes recibieron de la mayoría ciudadana la responsabilidad política de la conducción del Estado y también de quienes la entregaron aceptando su condición minoritaria. Hago hincapié en esta idea, porque me pareció que quedaba sumergida en una excluyente exaltación del triunfo del Frente Amplio, sin duda legítimo y en mi opinión necesario a esta altura de nuestro desarrollo cívico. Pero en la perspectiva de un órgano de prensa independiente y plural, según entendí que era la intención del proyecto de relanzar La Voz de Ombués, supongo que ofrecer una visión estrechamente partidaria reduce su capacidad de convocar a toda la comunidad a cuanto queda por delante. Es que, para abordar el presente con la energía que demanda una construcción política, social y económica superadora, no se debiera reducir la historia del progreso de nuestra cultura ciudadana al principio de los setenta, ni conformarse con cambiar el poncho y el sobretodo por la campera, sino en todo caso a sumarlos. Tampoco limitarnos a evocar el Éxodo o las hazañas de Maracaná para sentirnos arropados por una gloriosa épica heredada que, sin esfuerzo y por derecho de cuna, habrá de protegernos para siempre de la pereza intelectual, de la indisciplina, de la poca autocrítica, de la fascinación por los slogans, que tan a menudo nos acechan como una enfermedad crónica. Ni confundir la oportuna e inteligente acción de marketing de Jorge Drexler para establecer su música, nuestra música, en el mercado norteamericano, con un grito anti-imperialista. La memoria es un músculo frecuentemente usado con ligereza, en cuyo caso solo sirve para organizar el olvido. Para que funcione bien hay que elongarlo, darle profundidad y espacio. Reconocer que el Uruguay de hoy deviene de aciertos y errores compartidos, de blancos que ganaron para siempre los derechos electorales y la representación de las minorías, de colorados que promovieron leyes obreras, de respeto a la mujer y a la minoridad, de blancos y colorados que coincidieron en hacer de la laicidad, gratuidad y universalidad de la educación una causa común. Llegamos hasta acá desde las luchas de recios dirigentes sindicales, de corajudos empresarios y productores, de inmigrantes con hambres e ideas nuevas paridoras de nuevos paradigmas, de intelectuales orejanos que no ataron su inteligencia a otro dogma que no fuera la libertad para pensar, incluyendo la de dudar y contradecirse en la búsqueda de la verdad. Por cierto, del mismo pasado nos viene el voto cautivo del empleo público improductivo y prebendario, la coima, la evasión del impuesto, el abuso de autoridad, el empresariado y el sindicalismo corporativos y la ambigüedad ética que, obscenamente, supone la existencia de buenas y malas muertes, de buenas y malas tiranías. En el 58, cuando vote por primera vez, nos preguntábamos con Chiche Enrique quienes harían el otro par de votos socialistas de Ombués de Lavalle. Mi siguiente cumpleaños lo concelebré el mismo día con la entrada de Fidel a La Habana. Si leo ahora que lo que se festeja es apenas la llegada de la izquierda al poder, entonces, antes de festejar, me pregunto: ¿que izquierda? Espero que no sea aquella que me deslumbro en los sesenta, ni la que se batió en los setenta, ni la que se derrumbó con el muro en los ochenta, ni la que en los noventa confrontó el neoliberalismo con el pobre discurso conservador del estatismo. En realidad, espero que sean todas ellas, sintetizadora de experiencias y abierta, por la simple razón de que el progreso queda adelante y nunca ha estado a los costados. Creo que a fundar una mejor vida para todos se llegará sumando, mirando la realidad cara a cara, la nuestra y la del mundo, sin mitologías. Entre tanto festejo, la esperanza... y les mando un abrazo. Enrique Jara |
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