Betún

Hoy les voy a contar una anécdota de un noble perrito que tuve cuando era niño.

Negro retinto como el betún de lustrar zapatos, y sólo la puntita de la cola bien blanca. Por eso lo llamábamos Betún.

Le llamamos Betún, y era la mascota compartida con mi hermano.

Todos los días jugaba en la vereda con Ramona, “La muda”, empleada de mi madre, mientras barría la vereda, y así nos esperaba que regresáramos de la Escuela 32 con mi hermano Levis.

Uno de esos días, al levantarnos, no lo encontrábamos, y supusimos que algo debía haberle sucedido. Mi padre nos escondía algo, y lo notamos, por eso insistimos tanto, que al final nos lo contó.

Retozando como siempre con Ramona, bajó a la calle justo al momento que pasaba un pesado camión cargado de cosecha. Lo aplastó. Lo dieron por muerto, y lo tiraron entre una bolsa al fondo del comercio.

Pedimos verlo, y notamos que respiraba.

Corrimos a casa de “La Vieja” -así le conocíamos cariñosamente a la madre de Jorge Colotta- que vivía atrás del Telégrafo, hoy casa de Alberto Celedón. Ella era amante de los perros y siempre ayudaba cuando algún pichicho tenía un problema.

Lo sacó del “coma”, lo acostó en un galpón sobre una frazada, y tres veces por día venía a darle alimentos líquidos (tenía los dientitos trancados y no podía abrir su boca), aspirinas y otros medicamentos que sólo ella conocía.

Al cabo de algunos meses, pudo abrir la boca, comer sólido, levantarse y hasta caminar y luego correr. Parecía ser el mismo de siempre, pero algo había cambiado…

A los pocos días, una mañana, nuevamente no lo encontrábamos. No estaba en ningún lado y esta vez nos juraban no le había sucedido nada, o al menos nadie lo había notado.

Sobre el mediodía apareció moviendo su colita, contento, a jugar como siempre con nosotros, pero a la tardecita volvió a desaparecer.

Fuimos a casa de “La Vieja” a preguntar por corazonada nomás, y allí estaba.

La había buscado, la encontró, y se quedó a vivir con su salvadora. Sólo volvía a casa a jugar, pero siempre regresaba a su nuevo hogar. La casa de quien se preocupara por él, que le devolviera la vida, a quien nunca antes había visto, pero su “don de perro”, lo impulsó y guió a encontrarla, para agradecer aquella actitud de “LA VIEJA”.

¡Cuánto deberíamos aprender de los “animales”!

Siempre te recuerdo, Betún

 

 

2 comentarios en Betún

  1. Me encantó el relato , me emocioné porque sé que los animales son así!!!!! Gracias

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