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ANÉCDOTAS |
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Por Aníbal Blanco |
Y... ¡Tengo un caballito...!Del libro Anécdotas de mi Pueblo 1 de Aníbal Blanco
Los veranos en Ombúes de Lavalle eran terribles. A eso de la una, dos de la tarde, no había hombre que anduviera en la calle. Las calles eran de balasto y se transformaban en verdaderas alfombras de fuego. La vida del pueblo era tranquila, años 50 y pocos. Los grandes personajes que hoy son gratos recuerdos, estaban en su apogeo. En el viejo Centro Social, atendido por el “Tito” Dibar, se encontraba un grupo de parroquianos; entre ellos, don José Batelli y un señor Morandi, jefe de UTE. Todos abstemios a la Coca-Cola. Estos dos eran compañeros de truco en esas horas tórridas del mediodía y siesta. Don José usaba las ya casi olvidadas zapatillas “Rancheras”. Los que las recuerdan, les volverá a la memoria aquella capellada de loneta gris a rayitas finas medio azuladas y una suela de goma pura. En la parte de atrás en un breve taco, tenía una espiga de trigo en relieve. Esa espiga era muy trascendente, sobre todo cuando te agarraba el “viejo” y como padre te daba sanos consejos a través de algunos “chancletazos”, que como todo gurí, lo menos que quiere, es que los demás se enteren de que había recibido algunas indicaciones del “jefe” de la casa. La famosa espiga era la “alcahueta” de ese encuentro, porque quedaba marcada por todos lados. Pero volvamos a la cantina del Centro Social. Imagínese esa suela de goma gruesa y negra en pleno verano, no se calentaban, se re-calentaban.. Y los pies a transpirar como liebre atada. Para colmo, don José Batelli, tenía la costumbre de aflojar un poco la presión descalzándose. Bueno, el aroma que salía de abajo de esa mesa de truco era mortal. Pero ¿quién se atrevía a decirle algo al veterano? El esfuerzo era tremendo, el olor a patas era ya nauseabundo. Morandi, que era el compañero de Batelli, en un momento del partido le dice ... -¿Y compañero...voy? -¡A ver...a ver... y bueno tengo un caballito!... Y calzó justito para que Morandi le dijera oportunamente.. -¡Fíjese don José, a ver si no está muerto, porque viene un olor que no hay quién aguante! |
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