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ANÉCDOTAS

 

Por

Aníbal Blanco

LA LIBRETA DE CHOFER

Del libro Anécdotas de mi Pueblo de Aníbal Blanco

 

Juan Medina era hombre de a caballo. Bien de a caballo. Peón de muchas estancias, guapo como el solo.

Pero cuando quiso acordar se le habían amontonado una ponchada de años y tuvo que empezar a quedarse en el brete.

Algún pesito había ahorrado y como ahora tenía más tiempo de prosear con la patrona, fueron buscándole lo positivo de la nueva situación. Y entre mate y mate fue madurando una idea en el otro mate, en el de Juan.

-Yo no sé... me gustaría que me dieras tu parecer, con este asunto de que no puedo andar más a caballo capaz... esa es mi idea... No se a vos... Pero me gustaría. Comprarme alguna forchela... algún aparatito como pa´salir ¿eh? ¿no te parece?...

La patrona miró un rato el piso, dibujó con su incal del pie derecho unos cuantos garabatos en el piso y luego temerosa pregunta...

-Y quién la maneja?...

-Y yo, o no te acordás que he manejau "tratores" y motores de todo tipo, en lo Ramón y en otros lugares...además manejar una "forchela" no debe ser muy difícil... he lidiau con cada matungos!...

-Y bueno... si te gusta...

Juan se compró un automóvil Chevrolet modelo 28, capota de lona, ruedas con rayos de madera, color celeste.

-Ta´lindo el podrido... (acostumbrado a los caballos, repetía una y otra vez a quien le preguntara por el estado del auto).

De a poco le fue agarrando la mano y muy pronto se sintió cómodo al volante del chevrolecito . Y cada vez salía un poquito más lejos. Vamos a La Lagunita, vamos a Campana, a Miguelete, a San Salvador.

Por allá se encamotó con ir a Carmelo. Pero su hermana doña Lola, lo paró en seco.

-¡No vayas a ir a Carmelo sin libreta!

-¿Libreta de qué?  (preguntó Juan sin respirar por el asombro)

-¡Libreta de chofer!...

-Y pa´que quiero libreta si yo sé manejar...

-No señor, usted tiene que sacar la libreta en la junta. ¡Dios no permita que te agarren los revisadores! ¡Mirá, te cobran una multa que tenés que vender el auto para pagarla!

-Pero...

-Nada, andá hoy mismo a la junta y te anotás para cuando vengan los que sacan libreta!...

Y allá marchó Juan a la junta a anotarse.

Llegó el día  y con la tranquilidad que le daba la ignorancia de saber a las pruebas que lo someterían, el hombre se instaló muy sereno en los bancos de la junta.

Llenó los formularios de rigor no sin alguna consulta a los compañeros de solicitud, quienes ayudaron a solucionar posibles errores en las respuestas.

El inspector de turno lo llama, con el formulario, ya llenado por Juan, en su mano y comienza a interrogarlo, para aclarar algunas respuestas no del todo convincente...

-¿Cuando usted sube al auto que es lo primero que hace?

-Mirar si subió la vieja. (la señora)

-No, no, suponga que viaja solo...

-Ahh! Ahora entiendo... bueno... entonces armo un tabaco...

-Está bien, está bien... espere un momento que lo va a llamar el médico para la revisación de la vista. (el hombre se entregó).

Pasaron varios hasta que el facultativo abrió la puerta y pegó el grito...

-¡¡Medina Juan!!

Y Juan con su andar cansino entró y se acomodó en una silla.

-Bien don Juan, vamos a ver, vamos a ver... (decía el médico mientras con una varita le indicaba un cartel con muchas letras fijado a la pared. Había letras grandes, medianas, más chicas y, chiquititas. Juan fruncía el seño esperando la indicación del médico.

-Bueno, tápese el ojo derecho con la mano... eso es... ahora dígame que letra es ésta... mire bien, no se me ponga nervioso... A ver de vuelta...

Juan  le erraba como las peras. No acertaba ninguna, ni grande ni chica..

-Bueno, bueno, tranquilo, tranquilo, ahora tapese el ojo izquierdo y me dice que letra es ésta...

Juan decía números, no había caso la vista no le daba.

-Bueno, mi amigo, lamentablemente no le puedo dar la libreta... Usted tiene que ir al oculista, éste le va a recetar lentes y después, ya con sus lentes viene de vuelta y va a ver que sale todo bien, ¿eh?

Juan se quedó mirándolo sin poder creer lo que oía. Movió la boca dos o tres veces para decir algo, pero no le salía nada, hasta que juntó las cejas y con voz de tono persuasivo dice...

-¡Pero "dotor"! ¡¡mire que yo manejo con los dos ojos destapau!!

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