Ombúes de Lavalle - Colonia - Uruguay

PrincipalNoticias Mensajes   Anécdotas Política Enlaces Descargas Correo
principal

ANÉCDOTAS

 
 

Por

Walter González

Esquinita  de  Arrabal  (La del  Taller)

Dedicado a Don  Basilio Oudri  Nº

 

El capricho de la vida, el destino, la circunstancia o como mejor se nos ocurra o antoje decir, nos ha ido llevando por caminos y lugares ajenos a mi persona o descendencia. También pienso que no debo de ser el único a quien le sucede lo mismo, ojala que no me equivoque. No sé por qué cada vez que estoy en un lugar me detengo a observar sus movimientos, sus personajes, su folclore, su modo de vida, un lugar con su parte muy especial por supuesto, ya sea un viejo bar, una esquina o una pequeña plaza donde un soleado lugar le da ambiente a un colorido grupo de abuelos que gastan sus tardes entre recuerdos y anécdotas de un lejano tiempo, o talvez con comentarios de una actualidad, sacudida por tantas noticias de violencia que día tras día sacuden nuestra gastada sensibilidad. Y bueno casi siempre termino en algo que me causa dos sensaciones muy diferentes, alegría y tristeza.

Alegría porque me llegan recuerdos de mi esquina, claro que yo también al igual que todos tuve un lugar, ese lugar tan necesario en nuestra vida chiquilinera, el que en parte modela nuestra forma de ser o que nos marca en la memoria los mejores momentos y recuerdos de nuestra juventud. Tristeza porque esos lejanos momentos ya no volverán, claro es lo lógico pero lo que me pone triste es el pensar por donde andarán, hacia donde habrán volado los gorriones de aquella bulliciosa esquina, la esquina del viejo taller de don Basilio. Y entre tristezas y alegrías sueño despierto con mi pueblo, con la esquina, la barra, los muchachos....

Es de seguro que a muchos de ellos ya no los volveremos a ver, porque así es la vida y los que todavía de alguna u otra forma vamos cinchando con la pesada carrindanga de la vida, como solía decir mi viejo, guardamos muy adentro la esperanza de un feliz reencuentro. De lo que sí estoy seguro es que esos amigos y tantos personajes que por esa época le pusieron color al pueblo y a nuestra querida esquina, los muchachos de la barra del taller siguen estando como ayer, como hoy, como siempre... la vida o la muerte como se quiera mirar cumplirán con su misión, pero (los gorriones bulliciosos) estarán siempre ahí. Para mi son eternos, “como las palomas de la plaza”. Que lindo que sería si pudiera recordar aquellos viejos tiempos pero...han pasado tantos almanaques.

[Doña  Soledad]

De la serie Esquinita de Arrabal (La del Taller) Nº 2

Aquella tardecita, como casi siempre lo hacía caminaba lentamente frente a la telefónica atendida por las hermanas Charbonnier, los pájaros preparándose para la noche, picaban sus vuelos buscando abrigo en la fronda de los viejos plátanos. Una brisa suave hamacaba lentamente aquel viejo y demacrado letrero de la "Citroen'' colocado en la parte alta del taller del siempre popular Don Basilio Oudri, letrero al que solo le quedaban los recuerdos y en las noches de ventolera un abundante ruido.

Bueno casi al ir cruzando la calle, apareció la popular figura de Manru Oudri trayendo como siempre el termo y el amargo. Y casi siempre así comenzaban nuestras reuniones nocturnales. Poco a poco iban llegando los muchachos y se formaba una animosa rueda, que se encargaba de pasar revista a todo lo sucedido en el día y las anécdotas y cuentos jugaban su tarea.

Nilo ''polilla'' Cayrus se aparecía con su inconfundible sonrisa con un ralo bigote que mas bien parecía un partido de 9 contra 11, comiendo bizcochos que compraba de paso por la panadería de Teofilo Félix .Eso sí, nunca se olvidaba de nosotros por lo menos los que llegábamos mas temprano nos ligábamos algún cañón o cara sucia.

Con el Nilo Polilla teníamos algo en común que nos ligaba, una rebeldía para con la vida muy difícil de sobrellevar y es que ésta siempre nos tiene a todos una sorpresa en la manga, sorpresa de tristeza y amargura que son las que molestan y con nosotros había comenzado muy temprano. Si bien es cierto que nunca hablábamos de nuestras cosas, sabíamos que cada reunión con los muchachos era como un escape a la realidad, una necesidad de compartir la vida de la mejor manera posible.

Aquella noche, el tiempo nos fue ordenando retirada como era usual, algunos trabajaban otros no tanto, los demás sin comentario. Cuando llegó mi turno salí caminando calle abajo, cabeza gacha y paso lento. De pronto una voz que me grita "Gulichan" era la "polilla'', que había decidido cambiar de ruta para acompañarme. Seguimos calle abajo lentamente, una luna grande, llena, anaranjada y generosa levantaba su forma por entre las ramas de los árboles. Mirá que luna, pedirle algún deseo, le comente, sacudió la cabeza pero no contestó, cuando llegamos a la esquina que teníamos que separarnos me puso la mano sobre el hombro y comento bajito; “como duele llegar a casa”.

 La luna se iba elevando mas rápidamente pero bajo la oscuridad de aquel gorro azul con la visera quebrada me pareció ver un llanto silencioso. Aquella noche, el tiempo, en la medida que iba pasando me fue llevando el sueño y posiblemente comprendí cuanta tristeza se ocultaba detrás de aquella sonrisa de los bigotes ralos, porque él también sabía del sabor amargo que se siente cuando el destino te deja sin la vieja.

Walter  González

principal

 

Directores:

Edison Frache y Anibal Blanco

 

© Copyright LA VOZ DE OMBUES

Zorrilla de San Martín s/n - Ombúes de Lavalle

departamento de Colonia - R.O.U.

Contacte con nosotros: web@ombues.com.uy

 

Hospedado en: PC Club