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ANÉCDOTAS |
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Por Aníbal Blanco |
CARNAVALES DE OMBÚES DE LAVALLEDel libro Anécdotas de mi Pueblo 2 de Aníbal Blanco
En la antigüedad también se realizaban fiestas de similares características que dieron origen al carnaval actual, como los festejos Saturnales que se celebraban en Roma el 17 de diciembre. En esa fiesta se recordaba la edad de oro en que Saturno, señor del mundo, había otorgado la igualdad a los hombres. Durante esos días no había más que placer y alegría, se suspendían todos los trabajos y negocios, los amos y los esclavos vivían esos días en pie de igualdad, participando en los mismos festines y banquetes. Los romanos honraban también al dios Baco, Dios del Vino, con festejos durante las bacanales. Los hombres se pintaban la cara con la borra del vino, las mujeres estaban semi vestidas y enloquecidos bailarines recorrían las calles. El hombre a través de la historia siempre ha sentido la necesidad de celebrar y festejar, la fiesta es el pretexto para reunirse y ponerle una poco de “pimienta” a la rutina de la vida. Hoy el carnaval se ha alejado del carácter marcadamente religioso de la antigüedad y en Uruguay a la tradición hispánica se le ha sumado la raíz africana. El carnaval uruguaya tiene su propia identidad y se diferencia de cualquier otro del mundo, no solo por su duración, sino que además de ser “callejero” es teatralizado en los distintos escenarios que se levantan para ese fin. Estos escenarios llamados “tablados” son el eje de estos festejos y ahí se concentran las manifestaciones más genuinas del mensaje carnavalero. Cada pueblo, cada ciudad de nuestro país ha hecho del carnaval una fiesta con las características propias del lugar y su gente. Y Ombúes de Lavalle también ha hecho del carnaval una fiesta impregnada de colores, sabores y un fuerte espíritu lugareño. Por eso los invito a recordar distintas épocas del Rey Momo en nuestra ciudad, a través de la memoria de algunos de sus protagonistas. EL PRIMER CORSO Don David Rostagnol prácticamente nació con el siglo XX, cuando le realizamos esta entrevista contaba con noventa y cuatro años. Era el año 1995, hoy don David al igual que su señora Maruja Abad, son fallecidos. Don David pasó sus primeros años en el campo, en la zona de Sarandí, a pocos kilómetros de Ombúes de Lavalle.. En 1915 se vino para el pueblo y su afición a la mecánica lo llevó a atender un taller y luego cuando las circunstancias económicas lo permitieron compró un automóvil que destinó a coche de alquiler. Su espíritu inquieto y curioso lo llevó también a, conjuntamente con su hermano José, a traer a Ombúes de Lavalle el primer proyector de cine. Junto con su señora Maruja Abad, nos desgranaron en aquel enero de 1995, recuerdos de aquellos primeros años en que el pueblo y sus carnavales daban sus primeros pasos. -El primer corso se hizo en 1923, frente al Molino Varela, que en aquel entonces regenteaba don Ernesto Verbauven, argentino él. Y fue alumbrado por faroles. Claro en ese tiempo, aquella punta del pueblo era uno de los centros comerciales con que contaba el pueblo, el otro era el comercio de don Augusto Purtscher. Dividía el pueblo un espeso monte de eucaliptos, donde el club 25 de Agosto tenía su cancha de fútbol. Bueno andar de noche por ese monte...impresionaba. Por eso las noches de corso se iban cambiando de una punta a la otra. Había muchos mascaritos, también carros adornados, murgas...¡sí! toda gente de acá. Doña Maruja Abad de Rostagnol, más que recuerda, añora aquellos primeros tiempos. -La gente era toda muy alegre, además vestían muy bien, los varones de traje negro, usaban un saco que hoy nos llamaría la atención...muy ajustadito (lo subraya con gesto de sufrimiento) bien entallado, ¡las mangas siempre cortas! casi a lo Cantinflas. -¡Y sombrero!, -acota don David. -¡Ahh!...¡el sombreo! Ese pajilla (rancho) que no se lo sacaban nunca. ¡Hasta en la playa se paseaban de traje y sombrero! –subraya con una sonrisa doña Maruja. Las mujeres usaban un vestido ni corto ni largo, yo diría a media pierna, que generalmente era confeccionada por la propia usuaria. Después una capelina enorme (sus manos se levantan a ambos lados de la cabeza para graficar el tamaño) con una flor también enorme. Yo no sé cómo se la ponían porque andaban en charrets, en sulky, incluso en las forchelas que se les corría la capota...¡y nunca se les volaba!. La emoción se renueva y el rostro de doña Maruja se ilumina una vez más. -La gente de Ombúes era muy alegre ¡cómo nos divertíamos en los bailes! Mire era todo tan lindo en aquella época, que uno se pregunta ¿por qué no volverán esos tiempos? Claro, estamos hablando de la década del 20, que Carlos Maggi los define históricamente como “Los años locos”. La mujer quería provocar admiración en los demás, en cambio el hombre, más modesto, quería provocar admiración en los demás y además en sí mismo. Promediando esa década todos los orientales cantaban como Gardel. El peinado planchado a la gomina, gacho requintado, pantalón oxford, saquito entallado bastante rabón, como luego cantaría Carlitos Roldán. La mujeres usaban faja Robert, medias Holeproch, sobre el estilo 2200, de rica seda con refuerzo de hilo, costura y pie francés. Apareció el corte a la “garçón”, el agua oxigenada y ¡hasta fumaban!. No es por los hombres que este tiempo puede llamarse “Los años locos”, es por las muchachas que se soltaron como leonas y alocadamente hicieron lo más sensato pasar a compartir el mundo. Ombúes de Lavalle también vivía sus “años locos”. La fuerte y convincente voz de doña Maruja vuelve a sumergirse entre papelitos y serpentinas. -Los bailes en los primeros años eran amenizados por los músicos del momento. Recuerdo a Valentín Cabrera, tocando la guitarra y a don Santiago Oudrí, más tarde mi padre formó la orquesta, donde prácticamente tocaba toda la familia. Después mi padre llegó hasta componer piezas. ¿Usted sintió hablar de doña Rosita Verbauven, la esposa de don Ernesto? No, Bueno, doña Rosita nos llevaba a Zulema Dávila y a mí a cantar a su casa, porque ella tocaba muy bien el piano, yo llevaba las piezas que componía mi padre y ensayábamos. -¡La música en aquellos tiempos era preciosa! Tango, vals, milonga, ranchera, polka, shotin...Yo no sé como sacaban la música en esta soledad, pero había mucha gente con ganas y oído. Don David pasa ahora a contarnos como llegó el primer motor, generador de energía eléctrica a Ombúes de Lavalle. Este acontecimiento revolucionó el ambiente social del pueblo. Corría el año 1926, ahora se podía contar con luz eléctrica para las distintas reuniones de la sociedad ombuense. -El primer motor que se trajo a Ombúes de Lavalle, lo compró José (Rostagnol) en Cañada de Nieto. El dínamo nomás pesaba quinientos quilos. Pero igual lo llevaban a cumpleaños y casamientos, acá en la vuelta. Era el año 1926. Ahí sí los corsos y algunos bailes tuvieron luz eléctrica. El brillo de los ojos de doña Maruja tienen el mensaje de una alegre nostalgia. De un recordar feliz y se desespera por poder ser tan gráfica como esas imágenes que florecen tan nítidas en su memoria. -En esos corsos fue que vi por primera vez el ingenioso caballo que formaban entre dos personas ¡qué lindo! Don David no quiere perder rueda en la conversación y retoma la palabra para aportar más detalles. -La gente iba y venía, porque el corso era con toda la gente a pie, autos había muy pocos, serían dos o tres. El primer auto que vino a Ombúes de Lavalle, fue un Renault, en 1918, el dueño era Eusebio Hernández, “Eusebito”, un mecánico que trabajaba en lo Gustavo Bianchi, en esos galpones tenía su taller. Era tipo sedan, con una carrocería muy grande, toda de chapa, con vidrios que se levantaban y se bajaban mecánicamente, tenía una separación entre el chofer y la parte de atrás con un tipo de mampara también de vidrio. Y para comunicarse entre las dos partes tenían un teléfono. ¡Aunque a mucha gente le parezca mentira! ¡Qué les parece? Ombúes de Lavalle en 1918, auto con teléfono, ¡pavada de auto el Eusebito! -Y lo cómico –acota doña Maruja- era que cuando el auto salía a la calle la gente ganaba presurosa la orilla y gritaba despavorida ¡ladéense que viene el auto! |
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